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Un campo común que tiene que ver con nuestra práctica es que tanto los psicoterapeutas como los psicoanalistas reciben el mismo pedido. Hay una solicitud que parte del sufrimiento de un sujeto, compartimos el pedido de alguien que sufre y un pedido de alivio de este sufrimiento. También compartimos que tanto los psicoterapeutas como los psicoanalistas entendemos que hay una respuesta posible para el sufrimiento, y la respuesta posible es lo que llamamos efecto terapéutico, que compartimos con el conjunto de las terapias (incluso las terapias no universitarias conocidas en nuestro medio como terapias alternativas).
Y podríamos definir al efecto terapéutico como la posibilidad de resolver lo intolerable del síntoma para un sujeto.
Pero, además, y esto es lo que me parece fundamental, tanto el psicoanálisis como el conjunto de las psicoterapias hacen uso de un medio que es el recurso de la palabra.
El increíble poder de la palabra es reconocido universalmente, tanto en las prácticas mágicas, como en la práctica religiosa, en la práctica médica, y justamente es Freud quien aparece restituyendo el valor terapéutico de la palabra en la época en que la medicina empieza a ser captada por el discurso de la ciencia experimental.
Decíamos que la religión ha captado el valor terapéutico del poder de la palabra en relación a todo el tema de la confesión y la palabra absolutoria. Incluso el Papa actual nos ha sorprendido hace poco cuando advirtió a los sacerdotes no usar como procedimiento terapéutico la confesión y la palabra absolutoria diciendo que, si es necesario, hay que recurrir a la psicoterapia o al psicoanálisis, tratando de limitar este alcance terapéutico de la práctica religiosa.
Las psicoterapias no analíticas prometen un camino más humano que el propuesto por el psicoanálisis y esto se predica en términos de "menos prolongado", "menos costoso", "más comprensivo", "más rápido", "más breve", etc., etc. Constituyen una forma alternativa al psicoanálisis. ¿Qué es lo más aconsejable?
No cabe establecer un método ideal sino en referencia a la singularidad de cada caso clínico. El énfasis no debe estar centrado en definir supuestos límites entre psicoanálisis y psicoterapias psicoanalíticas sino en afinar criterios de indicación de tratamientos y selección de estrategias. De ahí la importancia de las instituciones multidisciplinarias.
Lic. María Inés Alvarez Psicóloga UBA